Parashat “Bamidvar”

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27052011

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Parashat “Bamidvar”




Interpretación y comentario
Esta semana comenzamos a leer el cuarto libro de la Torá, el libro “Bamidvar” (“En el desierto”). Este libro también es conocido como “Jumash Hapekudim” (“El libro de los censos”) y ambos nombres están relacionados con el contenido del mismo. Por un lado, el relato de los variados acontecimientos por los cuales pasó el pueblo de Israel en su travesía por el desierto luego de la salida de Egipto, y por otro, las listas de los diversos censos a los cuales ellos fueron sometidos.
Esta primera para- shá es diferente a las otras en lo referente al ritmo conocido del relato bíblico, generalmente caracterizado por la narración de tramas y, -como si hiciera una pausa en el mismo- describe censos, números, listas de nombres, el orden, el lugar y las funciones de cada tribu del pueblo.
Parecería que estas listas y censos son solamente “detalles técnicos” cuyo objetivo es ayudar al orden y a la organización pero, en realidad, son datos básicos e importantes, no sólo para saber “cuántos” eran los hijos de Israel, sino -principalmente- para saber “quiénes” eran los hijos de Israel.
Como es sabido, dentro de la tradición judía nuestro nombre completo -que es lo que define nuestra identidad personal- está compuesto por un nombre que incluye también el nombre de nuestros padres, cuyo objetivo es destacar nuestra relación con las generaciones anteriores y así crear una sensación de pertenencia a la cadena de generaciones del pueblo de Israel.
Hace dos años, se inauguró en Jerusalén un nuevo museo, especial y diferente a los demás, que hace unos meses ya recibió un prestigioso premio por su diseño, por parte de la mayor organización internacional de creadores y diseñadores de museos y parques temáticos. Este museo está instalado al lado del Muro Occidental, y se denomina “Centro de la Cadena de las Generaciones”.
La idea del mismo es hacer una travesía por la historia del pueblo de Israel en sus generaciones, mediante un recorrido alrededor del cual se encuentran columnas hechas por capas de vidrio y sobre las cuales están escritos los nombres de los hombres y mujeres que conforman la cadena de generaciones del pueblo de Israel. Comenzando por Adán y Eva -que simbolizan la relación con la Creación del mundo y la humanidad toda-, pasando por los Patriarcas y Matriarcas de nuestro pueblo y los Sabios del Talmud, hasta los soldados y soldadas caídos en las guerras de Israel y las mujeres y hombres fallecidos en atentados en Israel, tienen sus nombres esculpidos en los vidrios, indicando que cada uno y cada una de ellos fue un eslabón importante en la cadena de las generaciones, en la formación y en la existencia del pueblo de Israel.
En el libro “Bamidvar” y especialmente en esta parashá, recordamos algunos nombres de una generación especial: la “generación del desierto”. Una generación fuerte y frágil al mismo tiempo, como el vidrio. Una generación que vivió la amargura de la esclavitud y la responsabilidad de la libertad, las dificultades del desierto y el momento sublime de la entrega de la Torá.

En el primer versículo del libro de “Bamidvar” y de nuestra parashá está escrito: “Y habló Adonai a Moshé en el desierto de Sinai...”. Ahí, el Sinai es llamado “desierto”. Paralelamente, en el libro de “Shemot” (Éxodo), cuando se describe el momento de la entrega de la Torá, el Sinai es llamado “har” (“montaña”).
El “har”, la montaña, era el lugar donde una sola persona podía acercarse y subir: Moshé. El “midvar”, el desierto, es el lugar de todos, el lugar del pueblo. Pero ambos conceptos tienen en común la palabra, el lugar, el nombre: Sinai, donde ocurrieron acontecimientos centrales en la historia y en la formación del pueblo de Israel.
Lo individual y lo grupal forman a un pueblo. Cada nombre es una persona, y personas juntas forman familias, pueblos, cadenas y generaciones.
Dentro de dos semanas vamos a celebrar la Fiesta de la Entrega de la Torá y en ella recordaremos la presencia de nuestros Padres y Madres en el “desierto” de Sinai, frente al “monte” Sinai. Que podamos nosotros también volver a sentir cada día -como individuos y como pueblo-, “como si nosotros mismos hubiéramos estado en el Sinai”, y agregar así con nuestras acciones, -con alegría y orgullo-, nuestros nombres a la larga cadena de las generaciones del pueblo de Israel.


Estudio y análisis

Rabino Dr. Alexander Even-Jen, profesor de Pensamiento Judío, Instituto Schechter de Estudios Judaicos, Jerusalén
“Censad toda la congregación de los hijos de Israel según sus clanes y según sus casas paternas, con enumeración de nombres. Todo varón, cabeza por cabeza. De edad de veinte años para arriba, todo apto para el ejército de Israel, los habréis de contar según sus huestes, tú y Aarón. Y con vosotros estarán un hombre por cada tribu: el hombre que es cabeza de su casa paterna” (Números 1:2-4)
“Estos son los censados que habían contado Moshé y Aarón y los jefes de Israel, doce hombres, un hombre por cada casa paterna. Fueron todos los censados de los hijos de Israel según su casa paterna, de edad de veinte años para arriba, todo apto para el ejército de Israel” (Números 1: 44-46)
1- ¿Por qué era importante que los jefes de las tribus participen del censo?
2- ¿Acaso el objetivo era evitar su oposición? Si es así, ¿cómo su participación en los censos iba a contribuir a eso?
3- ¿Acaso el objetivo era “educativo”: demostrar al pueblo cuál es su fuerza concreta? ¿Elevar la confianza interior del pueblo mediante la enorme cantidad de soldados (“Fueron todos los censados seiscientos tres mil quinientos cincuenta” Números 1:46)?
4- ¿Será que el objetivo de los censos era aclarar a las tribus cuál era la fuerza de cada una de ellas?
5- A continuación de nuestra parashá, leemos la ubicación de cada tribu alrededor del Tabernáculo. ¿Hay relación entre el “tamaño” de la tribu, la cantidad de solados con la cual cada tribu va a participar del próximo esfuerzo militar, y la ubicación de la tribu alrededor del Tabernáculo? ¿Por qué?
6- ¿Será que los censos tenían el objetivo de calmar las tensiones entre las tribus?

* Comunidad “Masortit Mishpajtit Bebeit Hakerem”, Jerusalén
Editado por el Instituto Schechter de Estudios Judaicos, la Asamblea Rabínica de Israel, el Movimiento Conservador y la Unión Mundial de Sinagogas Conservadoras.
Traducción: rabina Sandra Kochmann
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David
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